Cubriendo manchas
Pintando sobre un jersey manchado
Era un jersey que pagó la impericia de mi manejo de comidas de mano, comidas que suelen poseer una delicada integridad estructural. No estoy seguro, pero si mal no recuerdo fue un kebab.
Lo cierto es que después de intentar remover la mancha unas 3 o 4 veces (con Vanish, lo cual es incorrecto; siendo una mancha de grasa, era más efectivo usar lavavajillas, pero claro, en ese momento no lo sabía) decidí pintarle algo para cubrir el camino de lamparones que había dejado mi torpeza en un suéter que apenas si había usado dos veces desde que lo había comprado.
Hice una pintura rápida y pequeña con guache para plasmar una idea más o menos clara.
Compré un par de pinturas de tela. No conseguí el rojo original y me fui por color frambuesa (así dice en el envase).
Me puse manos a la obra. El proceso es largo y tedioso. Tuve que aplicar al menos 4 manos del color blanco para lograr un trazo sólido. Para el frambuesa, el trazo lo hice deliberadamente más rústico e impreciso: mi intención era que figurara como aura de ése árbol blanco, tal vez demasiado recto, plano y fantasmal. Lo burdo del trazo frambuesa se notó después de la primera lavada: poco queda ahora de ése borde, aunque la luna se sostiene todavía.
Estresante fue, el proceso, y encima se volvió fetiche para mis gatos saltar justo encima de la pintura fresca, cuando esperaba que se secara para darle la vigésima capa de blanco al árbol. Pero, a pesar de ello, el resultado me dejó muy satisfecho, como pocas cosas que hago me han dejado satisfecho.
En fin, después de esto, aprender serigrafía ha pasado a tomar un puesto alto en la infinita lista de cosas que me gustaría aprender.